Unas conferencias muy interesantes acerca de las batallas de la antiguedad.
Históricos
Batallas antiguas.
Batallas antiguas.
Batallas antiguas.
Como veo que has puesto un par de videos de "War Horse", pongo un enlace a la batalla de Gaugamela de la película Alexander. La película no me gustó mucho, pero esta batalla... redios.
Aseguraos de ver las dos partes.
Seguro que conocéis la revista Desperta Ferro. Le dedicaron un número especial que no tiene desperdicio:
Gauganela
Aseguraos de ver las dos partes.
Seguro que conocéis la revista Desperta Ferro. Le dedicaron un número especial que no tiene desperdicio:
Gauganela
Batallas antiguas.
Batallas antiguas.
Historia de la Segunda Guerra Mundial
Saburo Sakai en Iwo Jima: Hellcat vs Zero

Sobre Iwo Jima, los Zeros se tropezaron con el sucesor del Wildcat. El nuevo caza, Grumman F6F Hellcat, pertenecía a otra generación. En vez del motor de 1200 caballos del Wildcat, su “hermano mayor” tenía la inapreciable ventaja de sus dos mil caballos. El nuevo Hellcat era más veloz que el Wildcat o el Zero mismo. Sus ametralladoras de 12.7 mm disponían de un mayor parque de municiones mayor que la de los cazas anteriores. Comparado con el Zero, el Hellcat alcanzaba mayor velocidad y en vuelo horizontal, subía más deprisa y le superaba en el picado. También eran superiores en potencia de fuego y el equipo de puntería.
Había otra ventaja que supuso una desagradable sorpresa para los pilotos japoneses. Hasta que los Zeros japoneses se encontraron con el Hellcat, el Zero era el maestro indiscutible de la maniobrabilidad de todos los cazas en el área del Pacífico. Esa preciada ventaja se desvaneció con la presentación del nuevo Grumman. A alta velocidad, el Hellcat conservaba aun excelente control del alabeo. A diferencia del Zero, que, en las mismas condiciones, sufría de agarrotamiento de los alerones, los cuales se hacían difíciles de mover.
Sin embargo, un auténtico gran piloto podía mantenerse firme ante abrumadoras desigualdades, y a veces incluso, salir victorioso. Tal fue el caso de Saburo Sakai sobre Iwo Jima en aquel funesto 24 de junio de 1944, cuando poco menos que cuarenta cazas japoneses fueron derribados por un enjambre de Hellcats. Recordemos que el aguerrido piloto japonés volvía de una larga convalecencia con la pérdida de la visión de uno de sus ojos, resultado de un terrible combate anterior [tratado en otro post]. Sakai nos lleva a aquel momento previo del ataque aliado: “El 24 de junio desapareció el sosiego que se había asentado sobre Iwo Jima. Serían las 5 y 20 de la mañana cuando las alarmas de ataque aéreo desencadenaron un tremendo alboroto en la isla. Los radares de advertencia temprana habían captado varios grupos grandes de aviones enemigos a menos de cien kilómetros al sur, y acercándose a toda velocidad. Todos los cazas de la isla, más de ochenta Zeros, recorrieron atronadoramente la pista y se lanzaron al aire.”
Ya en el aire a bordo de su máquina, un A6M5 Zero, Sakai nos relata algunos pormenores después de la iniciación del combate por encima de las nubes. “Los Hellcats se precipitaron hacia tierra y quedaron a la vista de los cuarenta cazas nipones que esperaban debajo de la capa nubosa. Los aviones rompieron la formación y se trabó el combate. Me lancé a un apretado rizo y luego salí de él para situarme sobre la cola de un Hellcat, soltando una ráfaga tan pronto el avión apareció en el colimador. El avión enemigo se distanció, y mis balas solo encontraron el vacío. Me lancé en una espiral vertical a la izquierda y seguí acortando distancias, tratando de abrir hueco para un disparo certero en la panza del aparato. El Grumman intentó igualarme en el giro, ese era el momento que necesitaba, el vientre del caza llenó el colimador; y solté una segunda ráfaga. Los proyectiles de los cañones hicieron explosión a lo largo del fuselaje. Al instante siguiente, espesas nubes de humo negro surgieron del avión, el cual entró en un incontrolable picado hacia el mar”.
Y aquí las impresiones de Sakai con respecto a los Hellcats: “…Entonces me di cuenta de la velocidad de estos nuevos cazas. Acortaban distancias en segundos. ¡Eran tan rápidos!, resultaba imposible volar más rápido, […], volé en apretado giro, la maniobra sorprendió a los pilotos enemigos al tiempo que subía hacia ellos en espiral. Me quedé asombrado, no se dispersaron. El caza guía respondió con una espiral idéntica, reproduciendo perfectamente mi maniobra. De nuevo volé en espiral, acercándome más en esta vez. Los aviones adversarios no cedieron terreno. Se trataba de algo nuevo, un Airacobra o un P-40 se habrían perdido tratando de imitarme de este modo; y ni siquiera un Wildcat podía sostener una espiral contra el Zero. Pero estos Hellcat eran los aparatos enemigos más maniobreros con los que me hubiera encontrado antes. Salí de la espiral a una trampa. Los quince cazas que me seguían salieron de sus espirales en una larga columna. Y al momento siguiente me encontré girando en el centro de un anillo gigante de 15 Hellcats. Si alguna vez un piloto se había visto rodeado en el aire, ese era yo”.
Sakai entonces demostró porque había sobrevivido durante todos esos años en un caza tan bueno y frágil a la vez. Sacando todo el jugo de su aparato y aplicando toda su experiencia a los mandos del mismo consiguió evitar la primera embestida. Pero cuatro F6F más se habían sumado al ataque. Sakai sabía que no podía combatir contra los ágiles y superiores F6F, así que solo le cabía una salida: huir. Siempre yendo un paso delante de los pilotos estadounidenses, esquivando, haciendo más rizos, virajes cerrados, picando hacia el mar, así sucesivamente y por espacio de casi una hora, hasta que los pilotos estadounidenses, tuvieron que romper el contacto y regresar a sus portaaviones. Sakai había llegado a volar tan bajo que las salpicaduras de los disparos fallidos de los F6F contra la superficie del mar llenaban de gotas el parabrisas del Zero.
Pese a todo el acoso de los Hellcats, y gracias a la singular destreza de Sakai, el piloto japonés pudo salir bien librado de aquel duro combate. Los últimos momentos de aquel episodio contado por el propio Saburo: “…muy al sur divisé a los quince Hellcats que regresaban a su portaaviones. Resultaba difícil creer que todo había terminado y que aun me encontraba con vida. Quería desesperadamente abandonar el aire. Quería tierra firme bajo mis pies…”. La batalla del 24 de junio fue el preludio del fin. Los Hellcats borraron del cielo casi a la mitad de toda la fuerza japonesa de cazas.
Y como Sakai admitió con sinceridad: “Fue perturbadora la visión de nuestros inexpertos pilotos cayendo envueltos en llamas, uno tras otro. ¡Cómo se había parecido el combate a lo de Lae! Excepto en que ahora los aviones pasados de moda eran los Zero y los inexpertos pilotos, japoneses. La guerra había completado el círculo”. En la siguiente acción principal, los Hellcats abatieron 20 de los 40 restantes Zeros con base en Iwo Jima. En una tercera cayeron otros 11, dejando a los japoneses con apenas 9 cazas disponibles. Sin los Zeros, Iwo Jima yacía indefensa a los ataques aéreos aliados.
Fuentes:
“Zero un caza famoso” de Martin Caidin (1969)
“Samurai!” de Saburo Sakai, Martin Caidin y Fred Saito (1957)
Saburo Sakai en Iwo Jima: Hellcat vs Zero

Sobre Iwo Jima, los Zeros se tropezaron con el sucesor del Wildcat. El nuevo caza, Grumman F6F Hellcat, pertenecía a otra generación. En vez del motor de 1200 caballos del Wildcat, su “hermano mayor” tenía la inapreciable ventaja de sus dos mil caballos. El nuevo Hellcat era más veloz que el Wildcat o el Zero mismo. Sus ametralladoras de 12.7 mm disponían de un mayor parque de municiones mayor que la de los cazas anteriores. Comparado con el Zero, el Hellcat alcanzaba mayor velocidad y en vuelo horizontal, subía más deprisa y le superaba en el picado. También eran superiores en potencia de fuego y el equipo de puntería.
Había otra ventaja que supuso una desagradable sorpresa para los pilotos japoneses. Hasta que los Zeros japoneses se encontraron con el Hellcat, el Zero era el maestro indiscutible de la maniobrabilidad de todos los cazas en el área del Pacífico. Esa preciada ventaja se desvaneció con la presentación del nuevo Grumman. A alta velocidad, el Hellcat conservaba aun excelente control del alabeo. A diferencia del Zero, que, en las mismas condiciones, sufría de agarrotamiento de los alerones, los cuales se hacían difíciles de mover.
Sin embargo, un auténtico gran piloto podía mantenerse firme ante abrumadoras desigualdades, y a veces incluso, salir victorioso. Tal fue el caso de Saburo Sakai sobre Iwo Jima en aquel funesto 24 de junio de 1944, cuando poco menos que cuarenta cazas japoneses fueron derribados por un enjambre de Hellcats. Recordemos que el aguerrido piloto japonés volvía de una larga convalecencia con la pérdida de la visión de uno de sus ojos, resultado de un terrible combate anterior [tratado en otro post]. Sakai nos lleva a aquel momento previo del ataque aliado: “El 24 de junio desapareció el sosiego que se había asentado sobre Iwo Jima. Serían las 5 y 20 de la mañana cuando las alarmas de ataque aéreo desencadenaron un tremendo alboroto en la isla. Los radares de advertencia temprana habían captado varios grupos grandes de aviones enemigos a menos de cien kilómetros al sur, y acercándose a toda velocidad. Todos los cazas de la isla, más de ochenta Zeros, recorrieron atronadoramente la pista y se lanzaron al aire.”
Ya en el aire a bordo de su máquina, un A6M5 Zero, Sakai nos relata algunos pormenores después de la iniciación del combate por encima de las nubes. “Los Hellcats se precipitaron hacia tierra y quedaron a la vista de los cuarenta cazas nipones que esperaban debajo de la capa nubosa. Los aviones rompieron la formación y se trabó el combate. Me lancé a un apretado rizo y luego salí de él para situarme sobre la cola de un Hellcat, soltando una ráfaga tan pronto el avión apareció en el colimador. El avión enemigo se distanció, y mis balas solo encontraron el vacío. Me lancé en una espiral vertical a la izquierda y seguí acortando distancias, tratando de abrir hueco para un disparo certero en la panza del aparato. El Grumman intentó igualarme en el giro, ese era el momento que necesitaba, el vientre del caza llenó el colimador; y solté una segunda ráfaga. Los proyectiles de los cañones hicieron explosión a lo largo del fuselaje. Al instante siguiente, espesas nubes de humo negro surgieron del avión, el cual entró en un incontrolable picado hacia el mar”.
Y aquí las impresiones de Sakai con respecto a los Hellcats: “…Entonces me di cuenta de la velocidad de estos nuevos cazas. Acortaban distancias en segundos. ¡Eran tan rápidos!, resultaba imposible volar más rápido, […], volé en apretado giro, la maniobra sorprendió a los pilotos enemigos al tiempo que subía hacia ellos en espiral. Me quedé asombrado, no se dispersaron. El caza guía respondió con una espiral idéntica, reproduciendo perfectamente mi maniobra. De nuevo volé en espiral, acercándome más en esta vez. Los aviones adversarios no cedieron terreno. Se trataba de algo nuevo, un Airacobra o un P-40 se habrían perdido tratando de imitarme de este modo; y ni siquiera un Wildcat podía sostener una espiral contra el Zero. Pero estos Hellcat eran los aparatos enemigos más maniobreros con los que me hubiera encontrado antes. Salí de la espiral a una trampa. Los quince cazas que me seguían salieron de sus espirales en una larga columna. Y al momento siguiente me encontré girando en el centro de un anillo gigante de 15 Hellcats. Si alguna vez un piloto se había visto rodeado en el aire, ese era yo”.
Sakai entonces demostró porque había sobrevivido durante todos esos años en un caza tan bueno y frágil a la vez. Sacando todo el jugo de su aparato y aplicando toda su experiencia a los mandos del mismo consiguió evitar la primera embestida. Pero cuatro F6F más se habían sumado al ataque. Sakai sabía que no podía combatir contra los ágiles y superiores F6F, así que solo le cabía una salida: huir. Siempre yendo un paso delante de los pilotos estadounidenses, esquivando, haciendo más rizos, virajes cerrados, picando hacia el mar, así sucesivamente y por espacio de casi una hora, hasta que los pilotos estadounidenses, tuvieron que romper el contacto y regresar a sus portaaviones. Sakai había llegado a volar tan bajo que las salpicaduras de los disparos fallidos de los F6F contra la superficie del mar llenaban de gotas el parabrisas del Zero.
Pese a todo el acoso de los Hellcats, y gracias a la singular destreza de Sakai, el piloto japonés pudo salir bien librado de aquel duro combate. Los últimos momentos de aquel episodio contado por el propio Saburo: “…muy al sur divisé a los quince Hellcats que regresaban a su portaaviones. Resultaba difícil creer que todo había terminado y que aun me encontraba con vida. Quería desesperadamente abandonar el aire. Quería tierra firme bajo mis pies…”. La batalla del 24 de junio fue el preludio del fin. Los Hellcats borraron del cielo casi a la mitad de toda la fuerza japonesa de cazas.
Y como Sakai admitió con sinceridad: “Fue perturbadora la visión de nuestros inexpertos pilotos cayendo envueltos en llamas, uno tras otro. ¡Cómo se había parecido el combate a lo de Lae! Excepto en que ahora los aviones pasados de moda eran los Zero y los inexpertos pilotos, japoneses. La guerra había completado el círculo”. En la siguiente acción principal, los Hellcats abatieron 20 de los 40 restantes Zeros con base en Iwo Jima. En una tercera cayeron otros 11, dejando a los japoneses con apenas 9 cazas disponibles. Sin los Zeros, Iwo Jima yacía indefensa a los ataques aéreos aliados.
Fuentes:
“Zero un caza famoso” de Martin Caidin (1969)
“Samurai!” de Saburo Sakai, Martin Caidin y Fred Saito (1957)
No registered users
