Normalmente tiendo a evitar los títulos de desarrolladores japoneses, ya que por lo general no me suele atraer ni su estilo ni sus mecánicas de juego. En particular, siempre he sido alérgico a los ‘bosses’, a repetir niveles una y otra vez -más aún cuando te has muerto justo antes del final-, y a las historias sin pies ni cabeza, historias que requieren de una buena dosis de alucinógenos para entenderlas medianamente bien.
Está claro que los prejuicios casi siempre son malos. Dark Souls III es mi primer Dark Souls, y ahora me arrepiento de no haber dado una oportunidad a esta saga desde sus inicios.

En Dark Souls III me encuentro bosses en cada esquina, muero más veces en cada sesión que en todos los juegos que he jugado hasta la fecha combinados. Y su historia es un WTF?!?? de proporciones épicas.
Y así todo… me encanta.
Gráficos muy cuidados, escenarios que dejan volar la imaginación con un diseño artístico excelente, desarrollo de personaje estilo RPG con un montón de estadísticas, armas y armaduras, sistema de lucha complejo y muy bien diseñado. Y, sobre todo, una mecánica de juego muy adictiva.
En Dark Souls nunca llegas a ser el típico super-héroe omnipotente. Mueres una y otra vez. Y no sólo ante los bosses: si bajas la guardia, cualquier bicho normalito puede mandarte de vuelta a la tumba en un abrir y cerrar de ojos.
Sin olvidar tampoco esa sensación de ‘no siento las piernas’ cuando te enfrentas a un nuevo boss, ves su animación de presentación y empiezas a pensar en todas las formas posibles en las que te va a despedazar en los próximos dos minutos.
Pero... ¡ay amigo!, cuando por fin te lo cargas... la sensación es indescriptible :D

Siempre pensé que los Dark Souls no eran para mí. Estaba completamente equivocado.
